
Calvo Sotelo Puertollano C.F.: Alberto; Giuliano(Isma), Arroyo, A.López, Pascu; Biel(Malano), Crespo, Lucas; Braun(Dani Sales k.), Pablo Glez.(Alvarito). y Rulo(Adri Sáez).
C.D.Cazalegas: Manu, Mele, Mayoral(Coco), John(Álex), Blázquez(Hugo); David Cerri(Acuña), Juárez, Lalo, Cazador, Iker(Cerri) y Luquín,

Arbitraje:
Pablo Pardo Matamoros, ayudado en bandas por: Raquel Díaz Rodríguez y Sebastián Roberto Pricopi Gogu.
Goles:
1-0 Malano (95’).
Tarjetas:
Rulo y Pablo Glez. por parte del Calvo Sotelo y Hugo, Lalo Juárez y Mayoral ® por parte del C.D. Cazalegas.

Incidencias:
Partido de la 32ª jornada de Liga disputado en el Estadio Ciudad de Puertollano “EL CERRÚ” , buena entrada. Se homenajearon al inicio del encuentro, a los jugadores de la temporada 05-06 , excepcional temporada en la que se ganaron todas las competiciones que disputaron, ascenso incluido.

Hay domingos que se juegan con el pulso a mil revoluciones y la memoria a flor de piel. Ayer, El Cerrú no sólo fue un estadio de fútbol; fue un túmulo de nostalgia y un hervidero de fe. Antes de que el balón dictara su sentencia de infarto, el templo minero se puso en pie para aplaudir a los héroes del ascenso de la temporada 05-06. Fue un viaje al pasado, un homenaje a aquellos hombres que enseñaron el camino de la gloria y que ayer, desde el palco, parecían insuflar ese aliento necesario a una plantilla que busca repetir la historia. El aroma a gesta antigua inundó la grada, preparando el escenario para un drama que nadie imaginaba tan agónico.

Porque lo que siguió al homenaje fue un ejercicio de equilibrismo sin red. El Calvo Sotelo se asomó al abismo de la impotencia ante un Cazalegas que, pese a estar hundido en la tabla, guardó el orgullo bajo llave. El partido fue un monólogo industrial escrito con una caligrafía desesperante. Manu, el portero visitante, se vistió de superhéroe para amargarle la tarde a Rulo, Pablo González y a un Lucas que vio cómo el palo escupía sus sueños. Mientras la pelota se negaba a entrar, en la grada el murmullo de la nostalgia por el 2006 se transformaba en un rugido de ansiedad contenida.

La segunda mitad no trajo calma, sino pura taquicardia. Adri Sáez y Biel fallaron lo que en cualquier otro domingo entra con los ojos cerrados. El Cerrú, ese volcán que ruge con el eco de sus entrañas, empezó a mascar la tragedia del empate estéril. Cada ocasión marrada era un puñal en el ánimo de una afición que empujaba con el alma. Un gol anulado por falta terminó de encender los ánimos; la desesperación era ya un jugador más sobre el césped, una sombra azul que pesaba en las botas y encogía los corazones.

Pero el fútbol guarda sus mejores versos para el descuento. En el minuto 95’, con el tiempo cumplido y el alma en un hilo, el árbitro señaló el punto de cal entre las protestas furibundas de un rival que ya se sentía superviviente. Malano, que había peleado contra su propia sombra toda la tarde, asumió todo el peso de la temporada. No le tembló el pulso. El balón besó la red y el estadio estalló en un grito liberador que mezclaba el alivio presente con el orgullo de aquellos veteranos que observaban desde la grada.

El Calvo Sotelo sale reforzado moralmente, con los tres puntos en el bolsillo y la bendición de sus leyendas. El domingo espera el Salto del Caballo, una final con el ascenso directo en juego. Ayer sobrevivieron al infarto y honraron el pasado; ahora toca asaltar el futuro.

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