Valverde: “Meseguer ha contribuido de manera determinante a crear una identidad no solo del Campo de Calatrava, sino de la provincia de Ciudad Real”

El presidente de la Diputación de Ciudad Real, Miguel Ángel Valverde Menchero, ha destacado esta tarde la decisiva contribución del profesor y arqueólogo José Lorenzo Sánchez Meseguer al conocimiento y la construcción de la identidad no solo del Campo de Calatrava, sino de la provincia de Ciudad Real. Lo ha hecho durante el homenaje que le ha rendido la Asociación Amigos del Museo de Ciudad Real-Convento de La Merced en un acto especialmente emotivo, cercano y participativo que ha tenido lugar en el claustro del emblemático espacio que da nombre a la citada entidad.

Valverde ha intervenido al término de un encuentro en el que familiares, antiguos alumnos, compañeros, amigos y representantes del territorio han reconstruido, desde perspectivas muy diferentes, la dimensión científica y, sobre todo, humana de quien dedicó buena parte de su vida al estudio, la conservación y la divulgación del patrimonio ciudadrealeño.

Valverde ha recordado su relación personal con Sánchez Meseguer desde los primeros pasos del proyecto del Parque Cultural de Calatrava y ha señalado que su llegada a la provincia fue una circunstancia afortunada que terminó convirtiéndolo “en un paisano más de los nuestros”. Aunque especialmente ligado a Granátula de Calatrava, ha remarcado que su figura trascendió el ámbito local para convertirse en un referente del Campo de Calatrava y del conjunto de la provincia.

El presidente de la Diputación ha incidido en que una de sus principales aportaciones fue enseñar a mirar de otra manera la historia de un territorio que durante demasiado tiempo pudo pensar que en él “no habían pasado cosas”. Meseguer, ha explicado, demostró precisamente lo contrario, que bajo el paisaje, los yacimientos, el patrimonio, las costumbres y las tradiciones existía una historia extraordinariamente rica que había que investigar, comprender y transmitir.

“Nos hizo entender qué identidad teníamos”, ha asegurado Valverde, quien ha añadido que el profesor supo mostrar que conocer ese pasado no constituía únicamente un ejercicio científico, sino que podía convertirse en “un buen cimiento para el futuro”.

En este sentido, ha puesto de relieve una faceta que considera especialmente valiosa de su legado, su capacidad para conciliar el rigor científico con la puesta en valor social y económica del patrimonio. Frente a una concepción de la investigación limitada exclusivamente al estudio y la preservación, Sánchez Meseguer entendió, según ha señalado, que la arqueología, el patrimonio, la gastronomía, los vinos, el aceite, las costumbres o celebraciones como la Semana Santa podían contribuir a generar identidad y, al mismo tiempo, convertirse en motores de desarrollo.

Valverde ha relacionado esta visión con algunos de los proyectos que comenzaron a tomar forma en aquellos años en el Campo de Calatrava y que hoy cuentan con reconocimientos de gran relevancia. Ha recordado la Semana Santa calatrava -La Ruta de la Pasión Calatrava-, actualmente Fiesta de Interés Turístico Internacional; el patrimonio volcánico, reconocido a través del Geoparque Mundial UNESCO Volcanes de Calatrava-Ciudad Real (perteneció al comité científico); y la recuperación de espacios patrimoniales como el Palacio de Clavería, en Aldea del Rey.

En todos ellos, ha dicho, “hubo intervención de Mese”, y ha reconocido también el trabajo desarrollado junto a él por Carlos Corella desde la Asociación para el Desarrollo del Campo de Calatrava. Ambos, según ha comentado, llegaron desde fuera de la comarca y ayudaron a sus habitantes a descubrir y valorar el potencial que poseía el territorio.

Pero Valverde ha querido detenerse especialmente en el hombre que había detrás del investigador. Ha recordado que la presencia, la voz grave y la personalidad de Meseguer podían imponer inicialmente, pero que bastaban unos minutos de conversación para descubrir a una persona “amable, cercana, conciliadora” y extraordinariamente interesante.

Ha evocado también su carácter jovial y afectuoso a través de recuerdos personales y ha destacado su enorme capacidad para conversar y, al mismo tiempo, escuchar. “Te podías pasar horas con él hablando porque todo lo que decía era interesante”, ha señalado, antes de resaltar que prestaba atención a su interlocutor con un interés que iba mucho más allá de la mera cortesía.

Para Valverde, Ciudad Real ha perdido “a un gran hombre, a un humanista”, pero conserva cuanto dejó a través de sus investigaciones, sus enseñanzas y los proyectos que contribuyó a impulsar. Por ello, ha considerado que el homenaje celebrado en La Merced no debería constituir un punto final, sino “el principio de unos reconocimientos” que estén a la altura de lo que José Lorenzo Sánchez Meseguer representó para el Campo de Calatrava y para la provincia de Ciudad Real.

El presidente de la Diputación ha trasladado, en este sentido, su disposición a favorecer nuevos reconocimientos desde “el territorio del que se enamoró” y desde la provincia que lo acogió. “Se ganó el corazón de todos y cada uno de nosotros”, ha concluido.

Una vida dedicada a investigar, enseñar y compartir

La presidenta de la Asociación Amigos del Museo de Ciudad Real-Convento de La Merced, Beatriz Crespo, encargada de conducir el homenaje, ha definido desde el comienzo el vínculo de Sánchez Meseguer con esta tierra al recordar que llevó “La Mancha en sus manos”, a través de sus excavaciones; “en su cabeza”, mediante sus investigaciones; y “en su corazón”, por el profundo cariño que profesó a la provincia. Al acto ha asistido también la secretaria de la asociación, Ángela García Minguillán, junto a numerosos miembros de la entidad, familiares, compañeros y amigos del homenajeado.

El director del Museo de Ciudad Real-Convento de La Merced, José Ignacio de la Torre Echávarri, ha trazado su perfil científico y humano y lo ha definido como un investigador riguroso y de gran honestidad intelectual que hizo del pasado su vocación y encontró en esta tierra su “hogar espiritual”. Ha repasado su decisiva participación en las investigaciones de Oreto, el Cerro de La Encantada y la Motilla del Retamar y su contribución a la definición del horizonte cultural conocido como Bronce de La Mancha.

De la Torre ha resaltado una idea que ha atravesado todo el homenaje, que Sánchez Meseguer entendía que la cultura no pertenecía a los despachos, sino a los pueblos que la habían generado. Su labor científica convivió así con una intensa vocación divulgadora y docente, además de con su asesoramiento en la conservación del patrimonio arquitectónico provincial. El director del museo de la Merced lo ha definido como “un sabio de otro tiempo”, caracterizado por la humildad y una extraordinaria generosidad para transmitir cuanto sabía.

La arqueóloga Elena Romero, colaboradora científica y compañera de vida de Sánchez Meseguer, ha aportado uno de los testimonios más entrañables del encuentro. Ha recorrido sus años como profesor y su carácter pionero en la enseñanza de la conservación, la restauración, la museología y la metodología arqueológica, así como su papel en la puesta en marcha de un laboratorio universitario en el que generaciones de alumnos pudieron aprender directamente el tratamiento de materiales arqueológicos.

Romero ha recordado al profesor exigente y metódico, pero también dotado de un gran sentido del humor, capaz de convertir cada trabajo en una oportunidad para enseñar. Esa forma de entender la profesión se prolongó durante décadas en yacimientos como Oreto-Zuqueca y en actuaciones patrimoniales como la rehabilitación del Palacio de Clavería, a la que se entregó con enorme intensidad. Como reconocimiento a esa dedicación, ha planteado que un espacio del palacio pueda albergar su biblioteca y perpetuar allí su memoria.

También desde la Universidad Autónoma de Madrid, la profesora Catalina “Katia” Galán ha reconstruido la trayectoria de Meseguer a través de una sucesión de excavaciones y experiencias compartidas desde comienzos de los años setenta. Ha recordado su carácter pionero en la enseñanza práctica de la arqueología y cómo convirtió yacimientos de muy diferente naturaleza en auténticas aulas al aire libre en las que sus alumnos aprendían metodología, excavación, documentación e interpretación.

Galán ha resumido aquella forma de ejercer la docencia con una constante diciendo que Meseguer pasó su vida “enseñando, enseñando y enseñando”. Entre todos sus proyectos, ha destacado especialmente dos que ocuparon un lugar central en su trayectoria, la Cueva de Estremera y, sobre todo, el Cerro de La Encantada, su “niña bonita”, fundamental en la definición científica del Bronce de La Mancha.

La maestra y escritora Montserrat Rayo Olmo ha llevado al homenaje la dimensión divulgadora del profesor y su estrecha relación con la escuela. Lo ha recordado como un maestro en el sentido más profundo del término, alguien que no solo sabe y enseña, sino que despierta en los demás el deseo de continuar aprendiendo. A través de un texto escrito tras una visita de Sánchez Meseguer al colegio de Granátula y de un poema dedicado al que denominó “Don Quijote de Calatrava”, ha rememorado su capacidad para acercar el conocimiento a los niños con sencillez y generosidad.

Esa misma relación con las generaciones más jóvenes ha centrado el testimonio de Francisco Muñoz, que fue director del Colegio Nuestra Señora de Oreto y Zuqueca de Granátula de Calatrava entre 2010 y 2022. Ha recordado los proyectos educativos desarrollados con Sánchez Meseguer, las excursiones, recreaciones históricas y actividades con las que alumnos, familias y vecinos aprendieron a reconocer como propio el patrimonio de su municipio.

Muñoz ha mencionado de manera especial su capacidad para adaptar conceptos complejos al lenguaje de los niños sin perder rigor y ha definido a Sánchez Meseguer, por encima de cualquier otra consideración, como un humanista, una persona que puso el conocimiento al servicio de los demás y que nunca buscó situarse por encima de quienes lo rodeaban.

Desde otra vertiente de su trayectoria, el exgerente de la Asociación para el Desarrollo del Campo de Calatrava Carlos Guillermo Corella Anaya ha analizado la aportación de Meseguer a la construcción de una conciencia comarcal. Lo ha considerado “partícipe fundamental” de la configuración de la identidad calatrava y ha recordado su trabajo como asesor científico del Parque Cultural, presidente del Centro de Estudios Calatravos y miembro del comité científico del proyecto del Geoparque.

Corella ha recorrido proyectos en los que su conocimiento científico se puso directamente al servicio del desarrollo territorial como La Encantada, Oreto, el Palacio de Clavería, Cerro Gordo, la Semana Santa Calatrava, los carnavales, diferentes proyectos culturales y los estudios que contribuyeron al reconocimiento de la Denominación de Origen Protegida Campo de Calatrava. “Su legado sigue vivo”, ha resumido, porque muchos de aquellos proyectos iniciados hace años han alcanzado posteriormente reconocimientos nacionales e internacionales.

La tesorera del Centro de Estudios Calatravos, María Teresa González Marín, ha elegido la palabra “amigo” para resumir su relación con Sánchez Meseguer. Ha resaltado una generosidad que ha calificado de ilimitada, además de su buena educación, su saber estar y su permanente disposición a colaborar con los proyectos del territorio. González Marín ha referido en su intervención que uno de los deseos que Meseguer mantuvo hasta el final fue vincular el Palacio de Clavería con el Centro de Estudios Calatravos y con la conservación y difusión del conocimiento. Y también ha expresado su deseo de que su biblioteca pueda encontrar allí un espacio.

Ha cerrado las intervenciones previas a Valverde la alcaldesa de Granátula de Calatrava, Yolanda de la Cruz Gómez, quien ha trasladado el agradecimiento de un municipio al que Sánchez Meseguer llegó en los años setenta para investigar un cerro apenas conocido y en el que acabó estableciendo su hogar.

De la Cruz ha afirmado que su trabajo en La Encantada permitió a generaciones de granatuleños conocer mucho mejor sus orígenes y sentirse orgullosos de ellos. Más allá del arqueólogo y del profesor, lo ha definido como “un hombre bueno”, culto, respetuoso, solidario, amable, ingenioso y cercano”. Ha asegurado que su recuerdo permanecerá vivo mientras las nuevas generaciones continúen preguntándose por La Encantada, Oreto y las raíces de Granátula.

El acto ha terminado con el sentimiento compartido que ha recorrido todas las intervenciones, la imposibilidad de abarcar en un solo homenaje la dimensión de José Lorenzo Sánchez Meseguer y la certeza de que su legado permanece en la investigación científica, en el patrimonio recuperado, en sus alumnos y compañeros y, de manera muy especial, en un territorio que hizo suyo y al que ayudó a reconocerse en su propia historia.

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