El folklore solanero busca relevo y reclama su sitio: “Es nuestra raíz”

Agrupación ‘Rosa del Azafrán’ momentos antes de actuar Foto: GACETA

Aurelio Maroto

La Agrupación Folklórica ‘Rosa del Azafrán’ no para de defender lo nuestro, porque nuestro es lo que muestra sobre el escenario. Y no es fácil sostener algo que parece reñido con las tendencias actuales. Beatriz Almarcha, presidenta del veterano grupo, no oculta que los coros y danzas tienen un sesgo de cosa arcaica, de otro tiempo. Una percepción tan real como injusta. Pero ella es la punta de lanza de la resistencia. Junto al resto de músicos y danzantes, demuestra con hechos que el folklore tradicional sigue vivo.

Así quedó demostrado la pasada feria con el Festival Folklórico Nacional, y el pasado sábado con el encuentro de folklore con motivo de la venida de la Virgen de Peñarroya. Además, el grupo viaja por media España  mostrando su arte sobre las tablas y, de paso, paseando el nombre de La Solana.

En la actuación en honor a la patrona, los anfitriones compartieron cartel con el Grupo Folklórico de Herencia (Ciudad Real), invitado en una noche que tuvo su prolegómeno en el baile ante la Virgen, instante donde la música deja de ser exhibición para convertirse en ofrenda. Ya sobre el tablao, abrió el grupo herenciano, para dar paso más tarde a los solaneros. En el repertorio estaban las jotas de La Solana, de la Romería, de la Vendimia, la Pasada, además de las Seguidillas y el Fandango. Bailaron los adultos y los niños de la escuela.

Grupo de Herencia en la actuación de la Virgen Foto: GACETA

En declaraciones a Radio Horizonte, Beatriz Almarcha se mostraba especialmente satisfecha con el momento del grupo: «Ahora mismo estamos en nuestro punto más alto musicalmente». Pero no siempre fue así: «Entró mucha gente nueva a finales del año pasado y costaba mucho; algunas primeras adaptaciones no sonaron del todo bien”. Sobre el cuerpo de baile, destaca el valor de la escuela: “Tenemos ocho niños -un niño y siete niñas- con dos parejas muy pequeñas, de seis, siete años, que eso al final nos indica el futuro».

El futuro, entre el optimismo y la realidad

Quiso aprovechar la entrevista para lanzar un recordatorio: «Empezamos en octubre otra vez la escuela, de niños y de adultos». Y renovaba su proverbial optimismo: «Yo en septiembre tengo una expectativa súper buena, aunque no siempre se cumple”. Se muestra confiada: «Este año a lo mejor sacamos tres niños, que nos parece un montón, y con las que ya colaboramos, habrá unas doce mujeres. Preguntada por la crisis que suele atribuirse al folklore, reivindica la resistencia de la agrupación: «Ha habido momentos peores».

La cantera es clave para garantizar el futuro Foto: GACETA

Cree que el verdadero reto está en la música: «Nuestros músicos son muy mayores, con la edad irán falleciendo desgraciadamente y los instrumentos no se están aprendiendo. En el cuerpo de baile podemos ir sacando cantera, pero de los instrumentos somos los que estamos». Por eso, buscan alternativas: «Siempre buscamos colaborar con el Centro de Mayores, porque ahí también hay músicos, a ver si podemos buscar alguna fórmula».

En todo caso, defiende el papel de la agrupación en mantener viva la tradición: «Nuestro trabajo es seguir poniendo la ilusión y las ganas. Ahora estamos súper actualizados con Instagram y TikTok, para que vean que esto no es cosa de abuelos, sino que la jota es nuestra raíz y algo que tenemos que conservar». No tiene prisa y le sobra paciencia: “Vamos a vivir al día, vamos a disfrutar este año, que tenemos un montón de actuaciones, y el año que viene ya se verá. Espero que la jota nunca se acabe, porque yo me voy con ella».

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